Todas las casas
de Toledo tienen aljibes parecidos, adonde, en la estación lluviosa, van a
parar las aguas de los tejados por unas canales. Esta es la única agua que se
emplea para beber; la del Tajo, considerada como insalubre, sólo se usa para la
limpieza, y la suben por las empinadas y angostas calles en cántaros de barro a
lomo de unos pollinos. Como la ciudad está en una montaña de granito, no tiene
fuentes. En cuanto al agua llovida, después de sedimentarse en los aljibes, es
muy gustosa y potable; los aljibes se limpian dos veces al año. Durante el
verano, muy riguroso en esta parte de España, las familias pasan casi todo el
día en los patios, cubiertos con un toldo de lienzo; el calor de la atmósfera
se templa por la frialdad que sube de los aljibes, que responden al mismo
propósito que las fuentes en las provincias meridionales de España.
No hay comentarios:
Publicar un comentario