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Cunando el sueño

 
Sueña como queda el Tajo
sin que despiertes, Toledo;
deja pasar las veladas,
sigue cunando tu sueño.

Mira a Florinda la Caba
perderse en coso de espejos,
que Don Rodrigo en sus ojos
perdióse y perdió a su pueblo.

¡Jeuda Leví! De su llanto
guardan tus capillas ecos,
Sión, que diste a marranos
muzàrabe canturreo.

Sueña con nebredas de ánimas
en los barrancos del cielo
al resplandor de relámpagos
que, Josué, detuvo el Greco,

y herrín, orín, verdín, tintes
de solar que roñan tiempos,
y hollín y ceniza ascética
te servirán de memento.

En tus mesones Cervantes
a su sangre dio resuello;
las dos cabezas de tu águila
descabezaban el vuelo.

Caíste con los Borbones
en la sima del recuerdo,
huesa de leyendas mágicas
de godos y de agarenos.

Y el imperio de la Muerte
te dará, imperial Toledo,
en vida que nunca acabe
de Dios el último sueño.

Miguel de Unamuno. Toledo (Cancionero) 1953 












Tajo innavegable

Toledo que duerme —no sé si sueña— encaramado en los rocosos y escarpados arribes del Tajo que se lanza desde las sierras que lo regozan en la meseta de Castilla la Nueva (…) Fue la reconquista ibérica, la coronada en Toledo, la que permitió abrir el ciclo maravilloso de los grandes descubrimientos con que españoles y portugueses ensancharon el mundo. Más aún que materialmente o geográficamente, lo ensancharon espiritualmente. Cambió la concepción del mundo. Y todo esto meditaba yo sobre el Tejo de Lisboa recordando el Tajo innavegable de Toledo y soñando en él.

  MIGUEL DE UNAMUNO   Lisboa y Toledo (1935)