Mostrando entradas con la etiqueta Charles Davillier. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Charles Davillier. Mostrar todas las entradas

San Ildefonso

La leyenda de la casulla es una de las más populares de Toledo. San Ildefonso, arzobispo de esta ciudad en el siglo XVI, había escrito una obra en alabanza de la virginidad de la Madre de Dios. La Virgen, queriendo mostrar su contento a Ildefonso, descendió del cielo una mañana y asistió a la misa, sentada en la silla del arzobispo. Esta silla, desde entonces, no ha vuelto a ser ocupada. Se asegura incluso que tan pronto como un profano osa sentarse en ella es expulsado inmediatamente por los ángeles. La Virgen, al poner sobre los hombros del santo arzobispo la casulla que únicamente él debía vestir, se la dio como procedente de los tesoros de su Hijo.
Vimos también en la capilla del santo patrono de Toledo la losa rodeada de mármol rojo sobre la que la reina del cielo puso sus pies (…) Una reja protege a la piedra santa. Pero se ha dejado un espacio bastante grande para que los fieles puedan tocarla con la punta del dedo, que después llevan piadosamente a los labios.

(Charles Davillier. Viaje por España. 1874)



 

Trono y centro del mundo

Se ha dicho de Toledo que debe parte de su gloria a que es imposible averiguar su antigüedad. Seguramente hay pocas ciudades en España que puedan vanagloriarse de un origen tan remoto. Pero hay también pocas cuya historia haya sido mezclada con fábulas tan ridículas. Unos han pretendido que vinieron los judíos a establecerse en ella después de la cautividad de Babilonia. Otros atribuyen su fundación a Hércules o también a Túbal, hijo de Caín, que se estableció allí ciento cuarenta y tres años, ni uno más ni uno menos, después del diluvio universal.
Los antiguos historiadores españoles cuentan toda clase de fábulas con motivo de la antigüedad de su país; según ellos, entre los primeros príncipes que gobernaron la Península figuran personajes fabulosos como Caco, Hércules el Grande, Osiris, Atlas y otros cuya existencia es, cuando menos, problemática. Estas son las fábulas que hicieron decir burlonamente a un escritor, el abate de Vayrac, que los historiadores consideraban a Adán el primer rey de Toledo y que, según ellos, el sol, desde que fue creado, se había elevado por encima de la ciudad, que era el trono y el centro del mundo.

Charles Davillier. Viaje por España (1862)