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El Circo Romano

Entre los fragmentos que nos quedan de los edificios públicos con que los romanos adornaron a Toledo en la época de su dominación, deben tener el primer lugar las ruinas del Circo máximo en que se celebraban los juegos circenses, reducidos a correr en competencia ora a pie, ora en carros y caballos (...) Encuéntranse estas ruinas en la Vega baja (...) y consisten en dos hileras de cepas o machones de fuertísima argamasa hecha de piedra más compacta y dura: comprenden estas dos líneas de arranques o cimientos una superficie de 1045 pies de larga por 332 de ancha, cuya planta es semicicular por el extremo Norte y rectilínea en el opuesto de Mediodía, advirtiéndose en todos estos residuos de añeja fábrica el declive o inclinación que en su cara interior debían tener los costados del colosal edificio para asientos de las graderías en que el pueblo se colocaba cuando asistía a los insinuados espectáculos y conservándose aún entero uno de los arcos que servían de entrada.

Sixto Ramón Parro. Toledo en la mano. 1857


Desde el Valle

"Es también muy concurrido este lugar porque el cerro inmediato, que domina todos aquellos contornos, suele ser escogido para comidas y meriendas campestres en días de esparcimiento para las familias. Llaman a este elevado pico la Peña del Rey moro, porque es tradición que uno de los caudillos sarracenos que en los primeros años después de reconquistar D. Alonso VI a Toledo vinieron a ver si podían tomarla de nuevo, parece que contemplando desde este sitio la hermosa perspectiva que ofrece la ciudad, dijo y juró no se partiría de allí sin apoderarse de ella o morir en la demanda; y habiendo sucedido esto último, se supone fue enterrado en la concavidad de una peña aislada que está allí socavada en efecto artificialmente a manera de sepultura, aunque no sabemos qué destino haya podido tener, pues la piedra no ha sido nunca movida de aquel agreste sitio: aun hay la coincidencia de que otros dos grandes cantos de bastante diámetro y enorme peso, que se encuentran por algún movimiento natural de terremoto u otra causa ignorada colocados el uno sobre el otro sin liga ninguna, semejan, mirados a cierta distancia y en determinada dirección, la cabeza de un moro ceñida de su turbante."
                                     
Sixto Ramón Parro. "Toledo en la mano" (1857)