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Alta y asentada

Poco después pasamos el río Tajo que rodea toda la ciudad, alrededor de la cual, al lado del mediodía, tiene grandes rocas, donde sin embargo, hay casas; entre otras una de campo del arzobispo. Hacia el norte es una gran llanura bastante hermosa debajo de la ciudad. Me habían contado maravillas de este puente del Tajo y me dijeron que sólo tenía un arco; pero descubrí que había uno grande entre dos pequeños. Desde allí subimos a la ciudad, que es alta y asentada; las calles son en su mayoría bastante estrechas, y no hay nada más bello que la gran Iglesia, el Alcázar o el castillo, y el lugar que está construida en redondo, toda de ladrillo con pórticos alrededor y balcones en todas las ventanas. El Alcázar está arriba y mucho más alto.

François Bertaut. Journal du voyage d’Espagne. 1669
 
 


 



Vieja muralla guerrera

La vieja muralla guerrera destruida cien veces y otras tantas resurgidas en esas épocas de conquistas, ahora doblegándose al peso de su destino en lenta, pero definitiva agonía. Ya no será rejuvenecida o reconstruida como lo fue antaño.
Los puentes de Alcántara y de San Martín dejan ver su erguido porte y solidez de sus pórticos medievales, coronados por maciza torre y mostrando las hojas de sus puertas remachadas con planchas de acero.
Y luego detallo otros recintos murados, otros bastiones enormes, construcciones de estilo mudéjar, edificios con torres moriscas, puertas con torreones de aspilleras y con almenas en la coronación superior, y por sobre todo esto la ciudadela de roca del Alcázar enorme y siniestra con sus cimientos seculares.

Aquiles Vergara. Banderillas y panderetas: impresiones de viajes por España y Portugal (1921)

   










 


 

Obra de titanes

El artista que realmente pudiera pintar Toledo sería un gran artista. Pero hay muchos cuadros en Toledo que no podrán jamás ser encerrados en el lienzo. No puedo pensar en Toledo sin pensar en cuadros.
No he conocido vista de ninguna ciudad que se aproxime en grandeza a ninguna de las dos entradas a Toledo desde el otro lado del Tajo, la una desde pasado el Puente de Alcántara, la otra desde más allá del Puente de San Martín. Quien quiera tratar tales temas debe trabajar a gran escala. Las cuerdas son enormemente vibrantes, la melodía es profunda y enérgica: todo es grande y majestuoso. Difícilmente parecería una ciudad construida por hombres normales, los accesos son tan magníficos, las masas desperdigadas de manera tan magistral como descuidada. Parece obra de titanes.

Stewart Dick. El corazón de España (1907)



  




 
 


Cascada de diamantes

El sol se había puesto. No era de día y, sin embargo, tampoco de noche. La luna había salido y su pálida claridad se mezclaba con la luz incierta del crepúsculo. Bajé hasta el puente de Alcántara. Me apoyé en el pretil y contemplé durante un rato largo, con deleite inefable, el maravilloso panorama que se desarrollaba a mi alrededor.
Por debajo de mi, el Tajo se precipitaba rápido, rugiendo a través del unico arco del puente y rompiendo en espuma brillante, contra las enormes rocas, su larga cascada de diamantes. Luego, a través de los arcos superpuestos de un acueducto en ruinas, lo vi sumergirse y perderse más entre dos altas montañas que lo reciben en su caída y a cuyos pies, sobre un lecho angosto y profundo, parece arrastrarse como una serpiente.


ANTOINE FONTANEY    Recuerdos de España. Una tarde en Toledo   (1831)



Puente de Alcántara


...y allí ya se presenta repentinamente la grandiosa perspectiva del Puente de Alcántara... enfrente, una confusa aglomeración de edificios antiquísimos y modernos, construidos unos sobre otros en la pendiente del risco, y abajo, el río, el padre Tajo, profundo, oscuro, revuelto, precipitado, espumoso, atravesando todo entero y con gran velocidad el gran arco de aquella prodigiosa fábrica, que a la solidez probada de tantos siglos reúne una extraordinaria belleza.

BENITO PÉREZ GALDÓS. Toledo, Su historia y su leyenda. 1923











Un invencible sortilegio

Ya van tres veces que me detengo a la misma hora, en medio del Puente de Alcántara, retardando voluntariamente el instante de mi entrada en la ciudad. Y vuelve a asaltarme la misma emoción, el mismo deseo de escribir a mis amigos que no se inquieten por mi ausencia, que deseo hundirme, por meses o años, en el silencio de esa ciudad que ejerce un invencible sortilegio. (…) Me basta abandonar el puente y aventurarme en la urbe para cerciorarme, una vez más, de que nada ha variado, de que los siglos podrían pasar, dejando huellas implacables sobre otras tierras, sin que Toledo abandonara su inigualable fisonomía (...) ¿Quién será capaz de creer que Toledo, como Brujas, pertenece al pasado?... Toda ciudad capaz de cargar los acumuladores de nuestra sensibilidad está situada en el momento actual. Su razón de ser es imperativa e inmediata. Las civilizaciones pasaron por Toledo dejando el potencial magnífico de sus impulsos colectivos, de sus creaciones. Todo ello se ha mezclado, se ha superpuesto, elaborando un resultado palpitante y viviente.

Alejo Carpentier. (“Imágenes de Toledo”, publicado en la revista Carteles, de Cuba, el 1 de octubre de 1934)