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Ola de sombras

En la posada descansé un momento. Salí en seguida a la calle. Había niebla, y el pueblo tomaba envuelto en ella unas proporciones gigantescas. Las calles subían y bajaban, no tenían algunas salidas. Era aquello un laberinto; la luz eléctrica, tímida de brillar en la mística ciudad, alumbraba debilmente, rodeada cada lámpara por un nimbo espectral. En las encrucijadas parecía que brillaban las sombras.
Con la cabeza llena de locuras y los ojos de visiones anduve (...)
Desde aquel momento ya no supe lo que veía: las paredes de las casas se alargaban, se achicaban, en los portones entraban y salían sombras, el viento cantaba, gemía, cuchicheaba. todas las locuras se habían desencadenado en las calles de Toledo. Dispuesto a luchar a brazo partido con aquella ola de sombras, de fantasías, de cosas extrañas que iban a tragarme, a devorarme, me apoyé en un muro y esperé. A lo lejos oí el rumor de un piano; salía de una de aquellas casas solariegas, presté atención, tocaban Loin dubal.

Pío Baroja. Domingo en Toledo (1912)





 




Correría

Después de una correría larga, desesperada, en que se iban sucediendo a ambos lados tapias bajas blanqueadas, caserones grandes, oscuros, con los portales iluminados por una luz de la escalera, puertas claveteadas, grandes escudos, balcones y ventanas floridas, el hombre se dirigió a una casa blanca que había a la derecha.

   PÍO BAROJA  “Camino de perfección”  (1902)  




Una ciudad de cristal

Veíase la ciudad destacarse lentamente sobre la colina en el azul puro del cielo, con sus torres, sus campanarios, sus cúpulas, sus largos y blancos lienzos de pared de los conventos llenos de celosías, sus tejados rojizos, todo calcinado, dorado por el sol de los siglos y de los silos, parecía una ciudad de cristal en aquella atmósfera tan limpia y pura (...)
El sol ascendía en el cielo; las ventanas de las casas parecían llenarse de llamas. Toledo se destacó en el cielo lleno de nubes incendiadas... las colinas amarillearon y se doraron, las lápidas del antiguo camposanto lanzaron destellos al sol.

Pío Baroja. Camino de perfección. 1902