Días de sol



Es Toledo ciudad que pierde entre la niebla y la bruma; los días nublados no le van y pierde toda su excelsitud. Yo he visto a Toledo enterrado bajo la nieve, y tampoco era bello; sobre la ciudad dormida los copos de nieve eran harapos de una blanca mortaja. Todos los rostros enjutos y ásperos de Toledo perdían animación bajo la nieve blanca, y todas la figuras de sus hidalgos parecían salidas del Entierro del conde de Orgaz por lo tristes y por lo amarillas, de oro viejo…
Cuando Toledo adquiere toda su sustantiva belleza y aparece en todo su inmaculado vigor, que los siglos no le han resquebrajado aún, es en los días de sol espléndido, de cielo conmovedoramente azul, en esas mañanas invernales en que toda la gloria de la vieja Castilla parece haberse posado en las piedras arcaicas e irradiar desde las murallas, desde los torreones, desde los campanarios de las iglesias innúmeras…

Andrés González Blanco  Mañana de sol en Toledo.  Artículo en la revista La Esfera. 12 julio 1919



























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