¡Cómo duerme Toledo la sultana,
qué reposo en sus mudos callejones!
Poblado de fantasmas y visiones
sólo turba su sueño la campana...
Junto al muro, pegado a breve reja
queda el tierno galán enamorado;
más allá el yerto Cristo iluminado
por el tosco farol en la calleja.
Forma aquí un laberinto sin salida
la mole que se quiebra en un palacio;
sigue luego un convento con espacio
para en él a cien monjas dar cabida.
Sube y baja la calle estrecha y larga,
y otra viene después ancha y cubierta,
y a su extremo una plaza como muerta
donde suave pavor el alma embarga.
Ya las sombras se animan perezosas
al lado de las torres vigilantes;
caballeros parecen vacilantes
que se ocultan tras puertas quejumbrosas.
Acaso en la moruna celosía
el siseo se escucha de una dama;
¿una cita?... ¿o el buho es que llama
en la iglesia de rica crestería?
Ventura F. López. Homenaje a Toledo. (1900)
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