San Justo


Hace tres años, sin omitir dispendios de ninguna clase, comenzó el párroco de San Justo, D. Clemente Ballesteros y Bermejo, a separar el yeso que cubría las paredes de la sacristía, creyendo fundadamente que bajo aquella capa existiría algún recuerdo de la época en que se erigió la iglesia, y que corresponde al siglo XIV: en efecto, la forma de las ventanas que dan luz a la sacristía; el pintorrojeado fondo de dos alacenas en que se guardaban los objetos para el servicio del culto, los festones de los arcos, el magnífico artesonado del peraltado techo, todo inducía a pensar que en aquel recinto debía haber trabajos de aquellos alarifes que tantas y tantas joyas artísticas nos legaron.
Bien pronto se vio que las presunciones se realizaban; pero lo cierto es que jamás se supo que apareciera tan bellísima obra como son las filigranadas paredes de aquella sacristía.
Al contemplar desde la puerta la hermosa labor, queda el alma arrobada y atónita, considerando los primores de ornamentación de los muros y no comprendiendo cómo un mal entendido odio de raza pudo llevar su encono a cubrir groseramente las ricas paredes en que verdaderos artistas dejaron muestra perenne de su singular habilidad y talento. (…) Las personas amantes de las artes que a Toledo visiten, no deben dejar la ciudad sin haber visto la sacristía de San Justo.

R. Lorente. Un moderno monumento toledano. Artículo publicado en La Correspondencia de España el 10 de junio de 1895











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