Cuando la llave vuelva


Al abuelo le echaron de España, le echaron de lo que vosotros llamáis la Imperial Toledo y se vino aquí con sus monedas y su llave. Cuando la llave vuelva a su antigua cerradura, las viejas monedas se cambiarán por moneda nueva. Padre sueña con ir a Toledo. Dicen que es una ciudad de calles muy estrechas y allí tenemos nosotros una casa construida en piedra. Porque me han contado que todas las casas que una vez fueron de los judíos, existen aún en Toledo. ¿Has visto tú Toledo?

Arturo Barea. "La forja de un rebelde" (1941)


Cuando la ciudad duerme

Hay algo patético en estas ciudades seculares, con un recuerdo en cada piedra, con una leyenda en cada ruina, que nos hablan de épocas gloriosas y nos estremecen el corazón. Para los que aman por igual la leyenda y la historia, poseen una fascinación irresistible; alma adentro se les mete su poesía íntima. Y qué sutil encanto vagar por sus calles, solo, al filo de la medianoche, cuando la ciudad duerme, y el suave resplandor de la luna pone sólo —como si la pálida luz temblase de emoción y de respeto— un claro tono en aquellos monumentos que resistiendo la pesadumbre de los siglos, nos dan la sensación de las cosas eternas y nos brindan la serena evocación de los viejos tiempos de la raza; errar por ella en el silencio, en la soledad de la noche, escuchándose sólo el rumor de una corriente o el bramar del viento en la alameda; andar con pasos tímidos, temerosos de romper su silencio, por sus calles angostas, laberínticas, que llevan nombres sonoros de grandes capitanes, de renombrados hechos de armas, de piadosos varones, de magnates y descubridores; pasar bajo sus arcos rotos, desembocar en sus plazas irregulares, en algunas de las cuales tantos toros y cañas se corrieran y tantos autos de fe se celebraran, y entre cuyos edificios desiguales, sobrepuestos en anfiteatro, se destaca algún sombrío monasterio; acercarse a deletrear tal o cual inscripción en los muros escrita siglos ha; y seguir finalmente una calleja tortuosa y empinada para salir inesperadamente a un torreón, a un trozo de muralla, que da a la vega. Si se quiere una sensación histórica irresistible, váguese por sus calles a esta hora en que la ciudad duerme. Y si conocemos su historia, sus viejas costumbres, sus tradiciones, imaginaremos vivirlos, imaginaremos que todo ello no ha muerto, que la ciudad reposa y al despertarse mañana va a mostrarnos el mismo cuadro de siglos atrás. 

M. Romera-Navarro. "El alma de Toledo" Artículo en revista "Hispania". 1 diciembre 1920 
























Personalidad sobria

Toledo es lugar del mundo donde durante más tiempo han luchado y forcejeado dos modos opuestos de ver el mundo; es el sitio más duro de la lucha de culturas en donde se ha librado ese torneo.
Necesariamente es un gran museo de arqueología, en el cual las cosas o están en su sitio originario o, por lo menos, cerca de él, y donde con bastante aceptación han proliferado lo mudéjar y lo renacentista, más que lo gótico y lo barroco.
¿Es Toledo, pues, un lugar creador? ¿Es un campo de batallas? ¿Es un museo? ¿Es un cementerio? En realidad, tiene de todo y bastante bien distribuido, pero además ofrece una personalidad sobria que siempre ha intentado manifestarse y que no siempre se aprecia.
Y si no es grandemente un hogar creador, es mucho más que un rodadero de arte o un escorial de arquitectura.

Guillermo Téllez. "La iglesia toledana" (1978)




Semilla santa


Vine a la extensa ciudad de Toledo, capital del reino, que está revestida del encanto de la dominación y ornada con las ciencias, mostrando a los pueblos y príncipes su belleza. Porque allí emigraron las tribus, las tribus del Señor. ¡Cuántos palacios hay en su interior que hacen correrse a las luminarias para la magnificiencia de su belleza y esplendor! ¡Cuántas sinagogas hay en ella de belleza incomparable! Allí toda el alma alaba al Señor. En su medio habita una congregación de semilla santa, que tiene como ornamento la justicia, numerosa como las plantas del campo.

Yehudah ben Shlomo al-Jarizi (siglo XII)










Una visita al pasado

En el camino de regreso disfrutamos de una vista magnífica. Todo el cielo ante nosotros se encontraba cubierto de una masa negra de nubes tormentosas como sólo los climas tropicales suelen exhibir. El viento soplaba furiosamente hacia el valle arrastrando y agitando en el aire vastas nubes de polvo a ambos lados de la ciudad, cargada con el olor de la tierra mojada por la lluvia recién caída. Recortada contra las nubes, y debatiéndose entre la oscuridad y los rayos del sol poniente detrás nuestro, veíamos la blanca línea de la ciudad desde la Puerta de Bisagra, pasando por la Casa de Locos, hasta las ruinas que coronan las orillas del Tajo; se veían palacios sobre palacios, y destacando por encima de todo, estaba la destellante Catedral sobre la cima de la roca, con el poderoso Alcázar en el fondo. Sólo con esta vista nos hubiéramos sentido recompensados por la visita.
 (...) Fue una visita al pasado, el pasado aún vivo, perdido su vigor pero todavía existente. Toledo es afortunada entre la mayor parte de las ciudades por preservar reliquias de las varias fases de la civilizaciñón en la Península (...) Quien no ha visto Toledo, no ha visto España.

James Johnston Pettigrew. "Notes on Spain and the Spaniards, in the Summer of 1859"









Gris que conquista

Desde aquí la ciudad parece muy grande, y crees en su antigüedad, tan orgánicamente pertenece al campo. Puedes pensar que ha estado siempre ahí. A veces no ves más que su único color exterior, y de los cientos de colores sólo gris, gris blanquecino, gris negruzco, gris plateado, gris amarillento, gris rojizo. La carretera, las casas, el río, las piedras, los montes, el cielo, todos están entonados con un gris a última hora de la tarde. Pero no debes pensar en el gris vacío y mudo, eternamente el mismo, de Whisler. Todo es color bajo el sol radiante. Positivo como el rojo o el azul, su gris conquista a todos los colores, porque su riqueza ha nacido sin pompa. La discrecionalidad que ha construido la ciudad parece como la determinación de un individuo, de un distinguido burgués que conociera bien sus tierras.

Julius Meier-Graefe. The Spanish Journey. 1926 











  
 

Equilibrio inverosímil

Ciudad sin calle precisa, que parece una frágil victoria sobre la piedra y la tierra; ciudad que trepa y que se derrumba, formando revueltas siempre iguales.
Si algún secreto hay en Toledo que el Greco haya trasladado al plano de la plástica, es el de la comunión de las formas humanas y la naturaleza, secreto de una reversibilidad natural y sobrenatural.
Los mismos borriquillos que mordisquean los brotes en la roca, no se destacan de su fondo, y la ciudad sobre sus declives desmoronados, en lo alto de su árido cantil, no es más que un equilibrio inverosímil.
Todo es cielo, roca, polvo; trasunto de un África cristiana.
Todas las distancias parecen infinitas. A cada paso se abre un abismo. Lo más remoto parecer estar al alcance de la voz. 

Rene Schwob. Profundidades de España (1929)