Los colores

Los colores en El Greco y los colores en la flora silvestre; el amarillo delicadísimo del jaramago, el rojo encendido de la amapola, el azul intenso del cardo. Desde lo alto de un antiguo cigarral, convertido en hotel, he contemplado enfrente Toledo una tarde de abril. Veía, primero, el pardo hacinamiento de las edificaciones, y abajo, en el llano, el verde claro de los frutales entremezclados a los cinereos olivos. He leído en un libro de mineralogía española que en tierras de Toledo se encuentra "espato adamantino". Raya el cristal. ¡Cuántas sensibilidades son rayadas en el mundo, como este espato el cristal, por el genio de una santa, el genio de un pintor!

Azorín. Illescas, Toledo. Artículo en ABC (19 julio 1957)









Nueva ciudad del sol

Coronada del Sol, de luz vestida,
bañada en oro el pie que el Tajo besa,
forme tu imagen en su curso impresa
la tabla de safir, del mundo vida.

Contigo el cielo su virtud divida,
haga por ti su celestial empresa,
eterno el Sol, y donde todo cesa,
el tiempo volador tu edad no mida.

Nueva ciudad del Sol, alma de España,
a cuyo nido en pedernal labrado
la paloma bajó de la paz dueño.

Admire el mundo en ti tan alta hazaña,
pues como el hombre fue mundo abriado,
eres, Toledo, en el cielo pequeño. 


Baltasar Elisio de Medinilla (1585-1620) Soneto a la Imperial Ciudad de Toledo

 




 




Espejos del Tajo

Sus torres levantadas en espejos
del Tajo cristalino pueden verlas,
moviéndose en los líquidos reflejos,
sediento del rocío, y  de las perlas,
con que a Toledo de favores baña,
se sube al monte, por mejor cogerlas. 


Es de imperio en toda España
esta ciudad, y ansí tomó la mano
a celebrar de Dios la nueva hazaña. 


Siempre acudió el concurso toledano
con grande fe a cantar del blanco trigo
el misterio escondido y soberano.


Martín Chacón. Introducción a la justa poética celebrada el 25 de junio de 1608 en la parroquia de San Nicolás. 











Manantial de inspiración

Y si la Toledo monumental ofrece tan notables y maravillosas atracciones al viajero, por la majestad y el sello español y típico de sus fábricas de distinto origen, no es menor el encanto que produce la disposición urbana en el agrio recinto que ocupa, formando solitarias plazoletas, rincones o cobertizos silenciosos y misteriosas, estrechas y pendientes callejuelas de carácter morisco, que fueron siempre (sobre todo de noche e iluminadas por el amortiguado fulgor de la luna) fecundo manantial de inspiraciòn al poeta y de románticos sentimientos a los soñadores amantes de todo lo quimérico y fantástico.

(Manuel González Simancas. Artículo en "El Castellano".1928)

Pompa de la escultura

Esta, que admiras, fábrica, esta prima
pompa de la escultura, oh caminante,
en pórfidos rebeldes al diamante,
en metales mordidos de la lima,

tierra sella que tierra nunca oprima;
si ignoras cúya, el pie enfrena ignorante,
y esa inscripción consulta, que elegante
informa bronces, mármoles anima.

Generosa piedad urnas hoy bellas
con majestad vincula, con decoro,
a las heroicas ya cenizas santas

de los que, a un campo de oro cinco estrellas
dejando azules, con mejores plantas,
en campo azul estrellas pisan de oro.

Luis de Góngora. De la capilla de Nuestra Señora del Sagrario, de la Santa Iglesia de Toledo, entierro del Cardenal Sandoval (1616) 







Reliquia oriental


La reliquia de alma oriental que persisite en Toledo es lo más singular del venerable caserío. Siempre he protestado de que a Toledo se le considere como a una ciudad castellana, porque es una ciudad oriental, avanzada del oeste, que aspira a llegar al Atlántico misterioso, meta de todos los grandes sueños de entonces, y que sobre las rocas del Tajo se tendió a descansar; y allí quedó para siempre, petrificada en esa vida de arrabal de Oriente que constituye su encanto mayor.

(Gregorio Marañón. El Greco y Toledo. 1956)

San Ildefonso

La leyenda de la casulla es una de las más populares de Toledo. San Ildefonso, arzobispo de esta ciudad en el siglo XVI, había escrito una obra en alabanza de la virginidad de la Madre de Dios. La Virgen, queriendo mostrar su contento a Ildefonso, descendió del cielo una mañana y asistió a la misa, sentada en la silla del arzobispo. Esta silla, desde entonces, no ha vuelto a ser ocupada. Se asegura incluso que tan pronto como un profano osa sentarse en ella es expulsado inmediatamente por los ángeles. La Virgen, al poner sobre los hombros del santo arzobispo la casulla que únicamente él debía vestir, se la dio como procedente de los tesoros de su Hijo.
Vimos también en la capilla del santo patrono de Toledo la losa rodeada de mármol rojo sobre la que la reina del cielo puso sus pies (…) Una reja protege a la piedra santa. Pero se ha dejado un espacio bastante grande para que los fieles puedan tocarla con la punta del dedo, que después llevan piadosamente a los labios.

(Charles Davillier. Viaje por España. 1874)