Princesa de las ciudades

Toledo fue su patria, aquella gran princesa de las ciudades del orbe: aquella, digo, a quien sirven de arqueros y soldados de guarda inmutables, tantos inaccesibles, tantos robustos y descollados montes, cuyas eminentísimas cumbres son alcázares fortísimos de las siempre lucientes estrellas, y cuyas faldas amenas y vetustas son corte floridísima, elegante y amena de las sagradas y canoras hijas de aquel gran padre de los ríos, el Tajo: aquel Creso cristalino, aquel Midas sonoro, tan opulento, tan rico, que sus aguas son plata corriente y fugitiva, y sus arenas granos de oro luciente y purísimo; pero por otras causas es rico mucho mas: estas son la ingeniosísima belleza de sus damas, y la bellísima ingeniosidad de tanto varón erudito.

Jerónimo de Salas Barbadillo."El curioso y sabio Alejandro, fiscal y juez de vidas ajenas" (1612)












 

Cada página, un prodigio

Toledo es, realmente, un museo nacional inapreciable; un libro abierto a la admiración universal, y en el que cada página es un prodigio...
Sólo se emplean tres horas escasa en el viaje desde Madrid. Los trenes marchan a paso de carreta, es verdad, pero la combinación de sus horas de salida y llegada es bastante cómoda. Se puede abandonar la corte el sábado, concluida la diaria faena, a las seis menos cinco de la tarde, se está en Toledo poco después de las ocho y media, en sazón oportuna aún para comer, y con tiempo sobrado para descansar, y si se madruga un poco el domingo se dispone de bastantes horas, pues el tren de regreso no sale hasta las cuatro y media.

Las excursiones a Toledo. Artículo publicado en el diario La Época, de Madrid (18 de mayo de 1894)





 





Fue en Toledo

Fue en Toledo, la princesa de los riscos;
la zagala de las lomas; la sultana de las vegas;
la que airosa como un junco, se levanta
sobre el duro precipicio de las peñas,
por mirarse en el espejo de las aguas cantarinas de ese río,
que rodando sin descanso, bullidoras la festejan.

Fue en Toledo, la que es reina de los montes y las rocas;
la de los lindos cigarrales, que la colman de caricias y promesas;
la gallarda, la del alma recogida;
fue en la joya de Castilla, tan hidalga como entera.
La que es madre generosa de labriegos, de guerreros y pintores;
la que es novia de poetas;
la que es vivo relicario de la historia de virtudes de la España.
La que es maja, entre las majas; la que es buena, entre las buenas. 


Fue en Toledo... Fue en sus calles silenciosas,
retorcidas cual las hoces de la siega.
Esas calles pecho arriba, que parecen a la senda que va al cielo;
esas calles tan estrechas,
que al que pasa lo acarician con el roce de sus muros,
con el beso de sus hierros, con el alma de sus piedras ..


Julián Sánchez-Prieto, "El Pastor Poeta" (1886-1979) 




 
 



 
 

¿Qué nos importan...?

Perderán el tiempo quienes, seducidos por la contemplación de tanta grandeza como encerró esta ciudad en el recinto de sus hoy carcomidas murallas, pretendan seguir en la actual las huellas y el ejemplo de los historiadores de otras edades, para investigar los orígenes y conocer la fecha de la fundación de Toledo. ¿Qué nos importan las noticias y el nombre de las gentes que buscaron primitivamente asiento en aquellas enriscadas alturas, a la orilla del río poderoso que las rodea y fertiliza su Vega renombrada? ¿Qué timbre de gloria añadirá a los por ella conseguidos, el conocimiento de la fecha de su fundación, y el de la raza a que pertenecían aquellos, cuando no ha quedado rastro de sus existencia, y si el testimonio vive, permanece oculto, revuelto y confundido con tantos otros que guarda en las entrañas de la rocosa eminencia, o yacen entre el légamo del Tajo?

Rodrigo Amador de los Ríos. Monumentos arquitectónicos de España: Toledo (1905)













Casas y calles en contraste

Desde luego, se ve que sus habitantes hacían una vida diferente en un todo de la de los pueblos modernos: vida interior y recogida en lo íntimo de las familias y con muy escasa comunicación con los extraños. Así, las casas que no se han reformado, que es la mayor parte, son grandes y espaciosas y con anchos y hermosos patios interiores; pero su aspecto exterior es en extremo desagradable. Apenas tienen luces o ventanas a la calle; las que tienen son altas, estrechas y enrejadas que se conoce haber sido abiertas más bien para la luz y la ventilación que para disfrutar desde ellas la vista de las calles y el movimiento popular, que tanto placer nos causa en la actualidad. Reunido esto, añade, a la naturaleza del piso de Toledo, fabricado en las pendientes de una colina, resultan sus calles estrechas, tuertas, oscuras y empinadas, y sin más ornato que la portada de alguna casa particular notable o la fachada de algún templo o de algún edificio moderno. Este aspecto desagradable en sí, y que lo parece mucho más por lo desusado, hace un contraste singularísimo con lo amplio, espacioso y alegre de las casas: es el reverso de los pueblos modernos, donde las calles, por lo general alegres y cómodas, y las casas estrechas, tristes y mezquinas.


 Pedro José Pidal. Recuerdos de un viaje a Toledo (1842)