El Circo Romano

Entre los fragmentos que nos quedan de los edificios públicos con que los romanos adornaron a Toledo en la época de su dominación, deben tener el primer lugar las ruinas del Circo máximo en que se celebraban los juegos circenses, reducidos a correr en competencia ora a pie, ora en carros y caballos (...) Encuéntranse estas ruinas en la Vega baja (...) y consisten en dos hileras de cepas o machones de fuertísima argamasa hecha de piedra más compacta y dura: comprenden estas dos líneas de arranques o cimientos una superficie de 1045 pies de larga por 332 de ancha, cuya planta es semicicular por el extremo Norte y rectilínea en el opuesto de Mediodía, advirtiéndose en todos estos residuos de añeja fábrica el declive o inclinación que en su cara interior debían tener los costados del colosal edificio para asientos de las graderías en que el pueblo se colocaba cuando asistía a los insinuados espectáculos y conservándose aún entero uno de los arcos que servían de entrada.

Sixto Ramón Parro. Toledo en la mano. 1857













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