Calles (V)

A lo largo de los tortuosos y empinados callejones dos hileras de losas siguen la línea de las casas. Entre las losas un semillero de agudos guijarros, a manera de pavimento. Y en lo alto, muy arriba, la estrecha cinta azul del cielo.
Ya subamos o bajemos los ásperos pasadizos, siempre se encontrarán iglesias, conventos enormes, paredones levantados, hay que reconocerlo, con míseros materiales, con ladrillos y hasta con piedras unidas con argamasa. Pocas ventanas y con enrejados siempre. Puertas de granito, pesadas y tristes, ribeteadas de un rosario esculpido. Ciertos escudos de casas señoriales, con un crucifijo y un copón con un casco de cimera encima, forman un bello y castizo ornamento toledano. Clavos anchos como platillos, algunos con cabezas del volumen de un huevo, decoran magníficamente los tableros macizos de las puertas.

Maurice Barrès. "El Greco o el secreto de Toledo". 1913



























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