La sorprendente historia del Padre Volador

El 19 de noviembre de 1724, solo, enfermo y pobre, falleció en el Hospital de la Misericordia de Toledo y fue enterrado de caridad en la cercana iglesia de San Román, a la edad de 49 años, Bartolomé Lorenzo de Guzmán, un sacerdote jesuita portugués nacido en Brasil en época colonial, a quien hoy se reconoce como pionero de la aeronáutica, por haber sido el primer ser humano en elevarse del suelo a bordo de un ingenio de su invención, lo que le valió desde entonces del apodo de el Padre Volador
Bartolomé Lorenzo de Guzmán. Pintura de Benedito Calixto (s.XIX)
La hazaña se desarrolló en tres intentos ante el rey de Portugal, Juan V, y numerosos miembros de su corte, diplomáticos y religiosos. El primero de esos intentos tuvo como escenario un gran salón del palacio, pero lamentablemente fracasó. El ingenio aerostático del padre Lorenzo, conocido como  la passarola y consistente en un enorme globo de papel grueso y un cuenco con fuego que le proporcionaba el aire caliente necesario para la elevación, se incendió antes de despegar. Dos días después tuvo lugar la segunda prueba con un éxito relativo, ya que el aerostato se elevó tres o cuatro metros del suelo, pero el personal al servicio del palacio, temiendo que pudieran prenderse las cortinas de los grandes ventanales de la sala donde el experimento tenía lugar, se lanzaron sobre él impidiendo que llegara al techo.
El tercer intento al fin resultó satisfactorio. Esta vez se eligió el patio del palacio desde donde la passarola ganó altura lentamente y, cuando se agotó la llama, descendió hasta posarse con suavidad en el suelo, entre el asombro y el júbilo de todos los testigos del acontecimiento.
Pero la desgracia del padre Lorenzo fue la de ser demasiado adelantado a su época y ello le hizo víctima de la incomprensión y la desconfianza. La Inquisición entendió que bajo tales prácticas tan contrarias a las leyes de la naturaleza, no podía sino estar la mano del diablo, por lo que el emprendedor clérigo se vio obligado a abandonar el país huyendo de la persecución a que era sometido. Otras fuentes, sin embargo, aseguran que los motivos de esta huída no estuvieron relacionados tanto con su invento como por ciertos devaneos amorosos con una religiosa.
Sea como fuere, el famoso cura volador terminó recalando en Toledo y, aquejado de tuberculosis, fue recogido en el Hospital de la Misericordia, situado entonces en la Plaza de Padilla, en el edificio que hoy ocupa la Facultad de Humanidades, donde falleció. Sus restos mortales fueron enterrados en la cercana iglesia de San Román.
Cripta del Padre Lorenzo. Catedral da Sé 
Al cumplirse el segundo centenario de su muerte, allí se colocó una lápida con la siguiente inscripción: «En este templo de San Román Mártir reposan los restos de don Bartolomé Lorenzo de Guzmán, presbítero portugués, nacido en la ciudad de Santos (Brasil) en el año MDCLXXXV, primer inventor de los aeróstatos. Falleció en esta capital en XIX de noviembre de MDCCXXXIV. La ciudad de Toledo le dedicó este recuerdo».
Dos años más tarde, con ocasión del I Congreso Iberoamericano de Aeronáutica celebrado en Madrid, se le tributó un nuevo y solemne homenaje. Los congresistas, encabezados por el infante Don Alfonso de Orleans y Borbón, primo hermano del rey Alfonso XIII y uno de los primeros y más destacados aviadores militares españoles, se desplazaron hasta Toledo para homenajearle ante su tumba. De aquel acto quedó constancia en una placa de cobre repujado, obra del célebre artista toledano Julio Pascual, quien por esas premuras con las que siempre se mueven los políticos, hubo de realizarla en apenas 48 horas. En el texto, redactado seguramente con idéntica precipitación, se leía lo siguiente: “El primer Congreso Iberoamericano de Aeronáutica, celebrado en Madrid el año 1926, rinde este homenaje a fray Bartolomé Lorenzo de Guzmán, precursor de la aeronáutica, remontándose en globo el año 1709. Sus hermanos de raza, de 21 Estados, visitaron su tumba y colocaron está lápida el día 31 de Octubre de 1926”.
Monumento en Santos, su ciudad natal
Habrían de pasar aún otros cuarenta años para que el vuelo, que en vida el padre Lorenzo no alcanzó a remontar más allá de sus modestos intentos, alcanzase plenitud traspasando el océano camino de su país de origen. El motivo de ello fue el interés mostrado por el Gobierno brasileño para trasladar los restos de este precursor de la aeronáutica hasta Santos, su ciudad natal, en el estado de Sao Paulo. El proyecto no encontró obstáculo seguramente por tratarse de un personaje sin relación con España y Toledo, por lo que en 1966 las cenizas del padre Lorenzo volaron a Brasil y hallaron último reposo en la cripta de la Catedral da Sé, mientras un extraordinario monumento erigido en una de las principales plazas de la ciudad, recuerda su hazaña.
Una hazaña que aunque inicialmente le reportó fama y beneficio económico, pues el rey portugués le premió con 60.000 reales, a la postre no le sirvió para ser reconocido como el auténtico pionero de la aerostación. 74 años más tarde, los hermanos Montgolfier alcanzarían esta gloria, quien sabe si tomando la passarola como fuente de inspiración.
La historia del Padre Volador sirvió de argumento a José Saramago para su libro "Memorial del convento".

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