Imágenes al tuntún

La objetividad no ha sido muchas veces virtud que adornase a los viajeros que desde los más remotos tiempos pasaron por nuestra ciudad y nos dejaron testimonio de sus impresiones. El deseo de hacer sus escritos más atractivos para un público cuyo único modo de viajar era por medio de la imaginación motivada por las páginas de los libros, probablemente tuvo mucho que ver en la proliferación de invenciones y excesos. Por similares motivos, cuando en los libros de viajes se incluían ilustraciones, antes de que la fotografía las generalizase, los editores no siempre se mostraban demasiado escrupulosos.
Hoy traemos a colación dos ejemplos de ello, bien distintos y distantes en el tiempo. Uno se refiere a la primera representación gráfica impresa de Toledo de la cual tenemos constancia. Se encuentra incluida en el Libro de las grandezas y cosas memorables de España, escrito por Pedro de Medina e impreso en Alcalá de Henares por Pedro de Robles y Juan de Villanueva, en 1548. Se trata de una sorprendente xilografía (grabado en madera) realizada por alguien que, desde luego, nunca conoció Toledo y que se limita a "retratar" la descripción quizá más repetida por viajeros de todas las épocas: la de una "península" del Tajo formada por un abigarrado caserío. Y tal cual la interpretó el anónimo artista.
Al verla, uno no sabe de qué sorprenderse más: si de la simpleza de su composición o de la ausencia absoluta del más mínimo elemento identificable con la realidad.



El otro ejemplo se justifica todavía menos, pues lo encontramos en la segunda mitad del siglo XIX, cuando ya la fotografía comienza a generalizarse. Corresponde a un grabado (junto a estas líneas) incluido en la edición inglesa del Viaje a España de Hans Christian Andersen, impreso en Londres por Richard Bentley en 1864. Pretendiendo ilustrar una calle de Toledo vemos una escena en donde ni los edificios ni los personajes que en él aparecen, tienen nada que ver ni con Toledo ni con ninguna otra ciudad española, pues más bien parece centroeuropea, tal vez alemana.
Con benevolencia podríamos pensar que se trata de un involuntario error, de no ser porque el resto de los grabados que se incluyen en la misma edición (pocos afortunadamente) siguen la misma pauta. Así, en el que trata de ilustrar Sevilla se ve una ciudad que pobablemente es Bolonia; como Córdoba, otra ciudad quizá rusa o polaca, y para rematar, un monumento árabe que pretende ser Barcelona y que recuerda el patio de los leones de la Alhambra de Granada. Vamos, que no dieron una.

 

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